Primicia, Primero y Mejor. Noticias del estado Bolívar Primicia, Primero y Mejor

Primicia, Primero y Mejor. Noticias del Estado Bolívar Primicia, Primero y Mejor

Nuestra luz interna

Felices fiestas y prosperidad! � Cortesa


Atravesamos tiempos tenebrosos, la oscuridad parece apoderarse de todo, crece y crece, pero precisamente en esos momentos, en los que la penumbra es avasallante debemos esforzarnos más, mucho más, por sacar la luz interna, la bondad, que, aunque a veces no lo parezca, todos tenemos y está en nuestra esencia humana.

 

Somos firmes convencidos de que más que noche somos día, somos seres de luz y de bondad, pero estamos tan desanimados y tan empeñados en solo ver la oscurana y no las estrellas que brillan, que hemos zozobrado en la desesperanza.

 

No ha pasado una semana desde que vimos los peores horrores y actos de barbarie y no fue en una película, fue en nuestras calles de Ciudad Bolívar, San Félix, Guasipati, El Callao y Santa Elena de Uairén.

 

Fue horroroso ver como unos pocos, cual fieras hormigas tambochas, arrasaban con todo a su paso, destruyendo, robando, saqueando no solo bienes materiales, sino sueños edificados durante varias generaciones.

 

A los vándalos, a los saqueadores, no les importó nada y la mayoría no lo hizo por hambre, fue más que todo por maldad, ¿Qué hace alguien arrancando una poceta y el dispensador del papel tualé en un comercio?

 

Nosotros no somos así.

 

Los guayaneses, los venezolanos, somos más que eso, más que chéveres podemos ser una luz que quizás hemos ido apagando por tantas cosas duras que nos ha tocado afrontar.

 

Vivimos tiempos raros en los que la rabia, el odio, el insulto y la agresión parecieran dominarnos, pero esa no es nuestra única realidad, solo que la potenciamos como individuos y como medios de comunicación: preferimos las historias de maldad, destrucción y miseria que relatos épicos de bondad y solidaridad, al punto que casi desaparecemos la generosidad, casi como si fuese vergonzosa.

 

Pese a que el poderoso morbo parece dominarnos aún tenemos luz, como una velita, cuya flama danza al son del huracán y se resiste a apagarse.

 

Somos más que saqueadores, vándalos, bachaqueros, malandros, corruptos, pranes y estafadores, pero somos incapaces de verlo y peor aún: no lo creemos.

 

Basta mirar hacia adentro y hacia fuera para descubrirlo, para demostrarlo en nuestra redacción hicimos un ejercicio y le preguntamos a los muchachos: ¿Cuál ha sido el acto de bondad más sencillo que has visto?

 

Al principio nuestros jóvenes periodistas no sabían qué responder, quizás contaminados por la maldad circundante, o algo insensibilizados por las cosas con las que lidian a diario.

 

Comprendimos que no era fácil, así que les contamos una historia real, pero casi increíble, les relatamos lo que hace muchos años le pasó al hermano de uno de nosotros, que se quedó accidentado a las tres de la madrugada de un día cualquiera cerca del peaje La GuairaCaracas, cuando su Volkswagen azul cielo se negó a prender ¡Y vaya que ese escarabajo era fiel!

 

Allí estaba, íngrimo, en ese monte, cuando de repente vio que subía caminando rápido un hombre común y corriente. Cuando el sujeto estuvo cerca detalló que tenía un cepillo de dientes en el bolsillo de su raída camisa. El tipo no tenía buena pinta que digamos.

 

-Mi llave ¿qué le pasó al Volkswagen?

 

- Esteee, no prende -le dijo el hermano, temiendo que lo asaltara.

 

-Déjame ve…

 

-Esteee ta bien.

 

Y el desconocido del cepillo de dientes en el bolsillo de la camisa en menos de 20 minutos hizo despertar al Volkswagen

 

-Con.. ¿cuánto te debo?

 

-Nada, mi llave.

 

-¡Cómo que nadaaa!

 

-Uno está pa’ ayudá

 

-¿Te subo a Caracas?

 

-No mi llave, me voy caminandito… chao.

 

Y el tipo del cepillo de dientes en el bolsillo de la camisa se perdió en la noche y desde entonces ese hermano es más generoso y amable.

 

Al oír esta historia de bondad nuestros muchachos empezaron a contar las suyas -propias y ajenas- a ráfagas: Paola chiquita habló de cuando ella y su novio ahorraron para compraron un sushi carí- simo y a la salida se toparon con un señor que tenía pinta de no haber comido en mucho tiempo y simplemente se lo dieron; Wilmer contó cómo entre él y sus compañeros de universidad ayudaron a conseguir las medicinas para un abuelito hipertenso; Luís recordó cómo hace poco vio a un taxista salir de su carro debajo de la pasarela del Macro Centro, para ayudar a cruzar a un señor con discapacidad visual.

 

Jesús explicó lo bien que se sintieron él y Yea el día que un hombre que no les pidió dinero sino un jugo y ellos se lo regalaron. Sospecho que más que su sed calmaron muchas otras cosas.

 

Mafer, tan sucesos ella, contó cómo hace poco vio que gente enardecida trataba de linchar a un niño pequeño sorprendido robando en un supermercado, hasta que una señora lo defendió y le preguntó por qué lo hacía, “porque en casa no hay para comer y mamá me mandó a robar”. La dama, compadecida, pagó lo del niño y le dijo a la multitud que había que castigar a los verdaderos culpables; Miguel rememoró cómo en Alta Vista los vecinos se organizaron para llevar a los viejitos a depositar billetes de cien; Maru venía entrando y acababa de ver como una niñita le pidió a su mamá que le comprara un jugo y corrió a dárselo a un joven que pedía limosna.

 

Historias como las de ellos no son únicas, pero sí cotidianas, hay ejemplos a mayor escala como los payasos de hospital, Me diste de comer, Operación Sonrisas y tantos más.

 

Todos son llamas de luz interna que tocan a otros, son esas velitas las que debemos avivar y viralizar.

 

Somos más el taxista que se baja a ayudar a cruzar la calle que el bachaquero que se lucra de la necesidad ajena.

 

Somos más la niñita que pide para compartir un jugo que el hombre que sale sonriente luego de saquear cuatro pantaletas.

 

Somos más los chamos que buscan medicinas que el vándalo que arranca la poceta y el dispensador de papel tualé de una ferretería solo porque puede.

 

Definitivamente, aunque no lo parezca, los buenos son más, pero no lo saben o tienen pésimo prensa, y en eso nosotros como medio tenemos que hacer más: contar todas las historias, tanto las de destrucción, horror y muerte como las de bondad, esfuerzo y solidaridad. Eso es Periodismo, así con mayúscula.

 

Ojalá nunca más vivamos otro apocalipsis como el de estos días, pero si volviese mantendríamos nuestra línea de publicar todo, lo bueno y lo malo, sin azuzar, ni justificar lo injustificable.

 

Debemos darle mucho espacio a las historias que inspiran y son ejemplo.

 

En PRIMICIA siempre hemos creído que nuestra gran contribución es contar la historia desde todos los puntos de vista, tener todas las voces, colores y credos, y eso nos ha ayudado a crecer, pero no es suficiente para este 2017 nos comprometemos a hacer más para que la bondad sea viral, que las llamas internas se multipliquen al infinito. Lo necesitamos, lo merecemos.

 

Solo con la multiplicación de esas luces internas podremos hacer frente a estos tiempos duros, violentos y terribles en los que el odio parece nuestra brújula.

 

Los primeros pasos son el perdón y el respeto a los demás, independientemente de su credo, posición política, raza o color.

 

Desde allí debe partir el combustible de esa luz, de la bondad interior, solo así podremos superar estos tiempos de tinieblas en los que para algunos la esperanza zozobra.

 

Cortázar escribió: Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo….y hoy más que nunca es válido para todos nosotros, llenos de luz

 

¡Feliz Navidad y Próspero Año 2017 les desea PRIMICIA!




Leido: 1475

MÁS RELACIONADAS


comments powered by Disqus





Nuestra luz interna