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Las historias de los héroes de Amuay

Publicado el: Lunes, 03 de Septiembre del 2012 | Autor: el-nacional.com

No estaba de guardia, pero al sentir el estruendo que sacudió a todo Punto Fijo, llamó al comando y se uniformó. A las 2:00 de la mañana ya estaba en labores de rescate. "Nos enfocamos en la búsqueda de personas vivas. Primero rescatamos a un hombre al que le había caído una placa encima", dice.


Manaure conoce esas calles de memoria: dibuja un croquis para explicar cuán improbable era rescatar a alguien ileso de ese amasijo de cuerpos inertes, escombros, tubos, ventanas, puertas, camas. Traza los tanques del complejo refinador, el destacamento de la Guardia Nacional en la acera de enfrente y las casas del sector El Campito. Pasadas las 7:00 am del sábado, los alertó un llanto que provenía de la última vivienda de una hilera de seis. "Había una hendija, me asomé y me emocioné cuando lo vi. El techo no había caído completo, como en las otras casas, sino que hacía un ángulo de 45 grados. El niño estaba en el corral, que estaba aplastado por un lado.


Quedó espacio para que quedara él paradito ahí.


Eso era un horror, había muchas víctimas, pero Dios me dio la fortuna de rescatarlo. Mientras lo sacaba de los escombros pensaba en mi hija de 3 años", recuerda. No tuvieron igual suerte con los padres del pequeño, que sufrieron quemaduras graves y fueron trasladados al Hospital Coromoto de Maracaibo. Hoy están recuperándose.


Esa noche, el segundo comandante del cuerpo de bomberos, José Luis Quintero, sí estaba de guardia y hasta pasadas las 8:00 pm estuvo atendiendo las inundaciones que dejaron las fuertes lluvias de horas antes. Luego del estruendo de la madrugada, la central telefónica del comando colapsó. El grupo de guardia ­35 bomberos­ fue el primero en llegar al lugar devastado. Iban con todas las unidades con las que cuentan: 2 camiones, 4 ambulancias y 2 unidades de rescate. "Uno estaba acostumbrado a ver el destacamento, la panadería. Pero eso parecía un campo de guerra, ya no había casas. Había gente tirada en el pavimento, gritando, corriendo a todos lados". Confiesa que a ratos se sintió derrotado mientras buscaba sobrevivientes entre los escombros del destacamento de la GN.


"Había guardias con sus esposas y sus familias bajo los escombros", evoca. El rescate del niño los animó. "Creo que todos los cuerpos debemos estar más unidos porque estamos buscando la unión sólo en las emergencias", reflexiona después de la guardia más intensa que le ha tocado en 16 años de servicio.


Para la extinción del fuego y el rescate de víctimas, llegaron a Amuay bomberos de estados vecinos como Carabobo y Zulia. Juan Yamarte, bombero del municipio Los Guayos de Carabobo, estaba visitando a su familia en Paraguaná y se puso a la orden. El martes pasado, se le veía pala en mano ­junto a 2 compañeros, en total llegaron 14­ para recoger los escombros de la casa de un amigo. Cuando recuerda cómo fueron los rescates, mece la cabeza, suelta la pala y los lentes oscuros para secarse las lágrimas. "Es primera vez que veo esto. Fue horrible. El segundo comandante de la Guardia Nacional estaba destrozado, lo sacamos calcinado. Saqué aproximadamente a 12 personas de los escombros, entre ellos a 5 fallecidos, por eso fue tan feliz fue ver a Manaure sacar a ese niño". 


"Mi primer impulso fue proteger a las niñas"


Cuando Karina Cadena se levanta la camisa, muestra la espalda escoriada, con cortaduras y hematomas. El sábado 25 de agosto en la madrugada sirvió de escudo humano para sus dos hijas, de 7 años de edad y 8 meses. Recuerda que dormían en el mismo cuarto, porque cuando el padre tiene guardia nocturna se quedan juntas en la habitación principal.


Esa noche Cadena tenía insomnio y veía películas mientras las niñas dormían a su lado. "Cuando la casa se movió, mi primer impulso fue lanzarme sobre las niñas para protegerlas", dice. Los vidrios de la ventana y los restos de paredes fueron a parar en su espalda. Vive con el peligro a pocos metros, pues sólo un paredón divide el barrio Alí Primera del Centro de Refinación de Paraguaná.


"Saqué fuerzas para pararme y agarré a las niñas. Las paredes se estaban cayendo y la puerta estaba atascada", relata.


La familia Cadena vive en un terreno grande, en el que se alargan los pasillos y hay varias casas: la de los abuelos, la de los hermanos. La vivienda de Karina está al fondo. Los más ágiles de la familia sacaron a sus hijos y se devolvieron ­saltando por sobre los escombros y chocando con los vecinos que corrían­ a buscar a Karina y a las niñas.


"Cuando salimos todos, Karina no estaba. Yo pensé que mi hija había quedado tapiada con mis nietas, y mandé a su hermana a buscarla", recuerda Oswaldo Cadena. Luego de remover trozos de pared, la puerta cedió y pudieron salir.


Ahora Karina recorre su casa con nostalgia. Los muebles sin patas, el aire acondicionado con los cables afuera, el televisor con la pantalla rota, la andadera de la niña pequeña sin ruedas, las cortinas rasgadas.


"Mi esposo me hizo esta casa con mucho amor", señala.


Es la única con piso y baño de cerámica en ese sector y está pintada con un naranja alegre, que ahora se raja y descascarilla. "Volví a nacer esa noche.


Ahora habrá que mudarse, si este sitio no es apto, y hacer otra casa", suspira. 


"Seguramente mi hijo quería detener la fuga"


Los operadores de recibo y suministro de Pdvsa se encargan de manejar las válvulas mediante las que se controla el llenado de los tanques de cisternas y buques petroleros, nivelan flujos y monitorean lo que los trabajadores del ramo conocen coloquialmente como "el movimiento de petróleo".


"No son trabajos peligrosos, dependen de un sistema", afirma William Jiménez cuando explica las labores que efectuaba su hijo Reneduar en la empresa estatal. El joven, de 29 años de edad ­próximo a graduarse de ingeniero petrolero en la Unefa y padre de una niña de dos años­, fue uno de los fallecidos por las quemaduras que sufrió en la explosión de la refinería de Amuay.


Las versiones de algunos compañeros de trabajo indican que Jiménez murió mientras trataba de cumplir la orden de cerrar una válvula junto a un compañero. "Seguramente mi hijo quería detener la fuga y evitar esta desgracia", concede el padre.


La familia sabe de la industria: el patriarca trabajó 35 años en la refinería de Cardón y tres de sus cuatro hijos laboran en la petrolera. Reneduar ingreso a la compañía después del paro de 2002.


La casa de los Jiménez está en el sector Campo Maraven, donde la mayoría de los vecinos son jubilados de Pdvsa y del Ministerio de Energía.


El sábado 25, Reneduar había regresado temprano de un viaje corto a Maracaibo junto con su padre. Descansó en la casa materna y se fue a cumplir la guardia, que comenzaba a las 11:00 pm y terminaba a las 7:00 am.


"Cuando nos despertó el estallido, lo primero que pensé fue que mi muchacho estaba de guardia", recuerda Jiménez. Reneduar no respondía el teléfono.


Hermanos y tíos lo buscaron en las calles, las clínicas y los hospitales. Enviaron su foto en cadenas de mensajes de Blackberry, que transmitieron a familiares, amigos, conocidos, trabajadores de Pdvsa, estudiantes de la Unefa y hasta los compañeros del equipo de voleibol al que pertenecía Reneduar.


La confirmación llegó cerca del mediodía, cuando un supervisor de Pdvsa lo reconoció en la morgue del hospital Rafael Calle Sierra, de Punto Fijo. El otro trabajador de guardia, José Bravo, sobrevivió, aunque sufrió quemaduras y fracturas y fue hospitalizado en Maracaibo.


Los intentos hechos por Reneduar para evitar el accidente fueron conocidos por los miembros de la familia mientras veían por televisión una de las visitas del presidente Hugo Chávez a la refinería.


"Un compañero le comentó al presidente que Reneduar fue a cerrar la válvula. Él se metió de pecho a tratar de cerrarla; presumimos que por la presencia de la fuga de gases.


Era un muchacho siempre dispuesto a ayudar y responsable en el trabajo", expresó Gustavo Jiménez, uno de los hermanos mayores.


"Los voluntarios respondimos rápido"

En la maleta de la camioneta de Joe Cabos hay cuerdas, un maletín de primeros auxilios, ganchos de acero y botas. A un lado está un perro lesionado que acaba de recoger. Conversa de camino al veterinario.


Cabos, de 36 años de edad, es coordinador del Grupo de Rescate Paraguaná, que tiene 30 miembros entre los que se cuentan ex bomberos y técnicos en emergencia. Después del estruendo de la madrugada, recibió la llamada del director de Protección Civil del municipio Los Taques, Alí Rodríguez, que pedía la ayuda de los voluntarios. Buscó a otros compañeros en la camioneta y llegaron al sitio casi a las 2:00 de la mañana. Confusión, gente que corría, avisos de que había que evacuar. Llamas que crecían y los obligaban a montarse en el carro y huir.

Múltiples regresos.

El grupo fue de los primeros en rescatar a víctimas en la sede de Puramin, la empresa de lubricantes que funcionaba a lado de la refinería de Amuay que la explosión redujo a escombros.


Tenían experiencia en los desastres ocasionados por las lluvias, pero esta vez se vieron rebasados, no sólo por el horror sino por la falta de recursos. "Llegó un compañero con un vehículo 4x4, sacamos el güinche, lo amarramos a la cerca perimetral de Puramin y con el vehículo la rompimos y entramos. De ahí pudimos sacar a cuatro personas con vida. Lamentablemente con otros dos llegamos tarde. Creo que sacamos seis cuerpos sin vida de allí", recuerda.

En el destacamento de la Guardia Nacional, los voluntarios ayudaron a rescatar a un sobreviviente. "Revisamos habitaciones, camas, levantamos todo lo que se podía para descartar que hubiera alguien.


Sacamos cuerpos inertes, algunos de ellos eran niños".


Los perros deambulaban aturdidos entre los escombros y mordieron a algunos rescatistas. "Les tiramos sábanas, y los sacamos. Desafortunadamente no había alguien que estuviera pendiente de las mascotas porque la prioridad eran los humanos", relata.


Para estas labores emplearon los equipos que el grupo ha comprado con sus propios recursos. "En ese momento trabajamos todos. Hubo camionetas de Pdvsa, de la alcaldía y vehículos particulares para trasladar lesionados y también cadáveres. Pero es innegable que necesitamos que organizaciones públicas o privadas nos donen equipos porque los voluntarios respondimos rápido".


"Saber lo qué pasó contribuye con la verdad"


Las primeras imágenes que circularon de la explosión del Centro de Refinación de Paraguaná llevan la firma de Héctor Silva. El fotógrafo de 23 años de edad nació y creció en Judibana, una urbanización vecina al complejo petrolero.


"De niño yo jugaba por esos montes", comenta.

Durante dos años, Silva cubrió la fuente de Sucesos para el diario regional Nuevo Día, pero dejó el fotoperiodismo y ahora se dedica a los retratos comerciales. La noche del sábado pasado, sin embargo, el instinto reporteril resurgió.


"Recogí mis equipos y arranqué de una vez. Sabía adónde debía ir". Le llamó la atención que al avanzar por la autopista, las plantas que habían sembrado hace poco a los lados ya no estuvieran y hubiera en su lugar basura, residuos y papeles. Más allá, cenizas. Dejó el carro y siguió a pie. "La cerca de la refinería se había caído y más adelante había tuberías peligrosas. Estuve como 20 minutos recorriendo el lugar. Me enfoqué en los daños, no quise retratar cuerpos. El comando estaba destruido, las casas en el piso. Vi carros ardiendo.


En el camino no me conseguí a nadie", detalla. 


Practica campismo y se fue preparado con una linterna. La flauta de presión de la refinería sonaba como un presagio. "Sabía que cerca de la valla hay un desagüe de tres metros de alto y pensé en tirarme si había otra explosión. No medí el peligro en ese momento".


Al llegar a casa y descargar en la computadora las imágenes se dio cuenta de la magnitud de la tragedia que acababa de captar con su lente. Cuando dejó el complejo refinador, las sirenas comenzaban a sonar a lo lejos. No durmió, contactó a sus conocidos en los medios de comunicación y recibió llamadas de las agencias internacionales de noticias que querían adquirir sus fotografías.


"Fui al sitio por instinto y me di cuenta de que de nada valía tener ese material si no lo hacía circular, si la gente no veía lo que había pasado allí. Creo que eso contribuye a que se sepa la verdad", reflexiona.


Desde las redes sociales y algunas páginas web ­de tendencia oficialista­ se ha especulado sobre las razones por las que Silva llegó tan rápido a la refinería para reportar el suceso. "Se tejen muchas teorías. Piden que me investiguen porque supuestamente estaba dateado, soy saboteador, pero no saben que vivo cerca y que cualquiera en Judibana, con ver cómo está el mechurrio, sabe si está pasando algo en la refinería".

 

Con información de el-nacional.com

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