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Caaveral procesar 1.200 toneladas diarias de basura

Caaveral fue determinado apto para la ejecucin del proyecto en 2015 � Archivo PRIMICIA


La ejecución del proyecto sobre el relleno sanitario en la zona industrial Cañaveral, ubicado en la vía Sisor, comenzará en los próximos días, de acuerdo con lo que explicó Alexander Guevara, secretario de ambiente de la Gobernación del estado Bolívar.

 

Desde el 21 de octubre del 2014 se usa este espacio como vertedero controlado temporal, y es ahora, casi un año y medio después, que iniciará la construcción de la obra, la cual incluye fosas de disposición final de residuos y desechos sólidos.

 

Sin embargo, “ya existe una transitoria cuya vida útil es de dos a tres años, aproximadamente (...) fue hecha mientras terminaba el estudio de la zona”, indicó el ingeniero ambiental Néstor Petit, presidente de la Corporación de Servicios Patrióticos Sociales (Csps), de la Alcaldía del municipio Caroní.

 

Aunque originalmente se habló de trabajar en ella por seis meses, “sus dimensiones permiten que dure un poco más de ese tiempo; todo dependerá del manejo que se le de”, acotó Guevara.

 

El anuncio sobre el levantamiento de lo que será el área para la colocación final de la basura en Ciudad Guayana, lo hizo el gobernador del estado Bolívar, Francisco Rangel Gómez, en el mes de abril.

 

A pesar de que la intención inicial fue utilizar el espacio como un sitio temporal, más tarde las instituciones involucradas en su ejecución decidieron activar ahí el primer relleno sanitario de la entidad.

 

Para estar seguros que escogieron el sitio adecuado, especialistas del Ministerio de Ecosocialismo y Agua, Gobernación del estado, Alcaldía de Caroní, Empresas Básicas, universidades y grupos ecológicos, hicieron estudios ambientales.

 

No obstante, integrantes de las comunidades cercanas cuestionan las variables que fueron tomadas en cuenta en las mesas técnicas de trabajo.

 

No consideraron que el grupo encargado observó el suelo, midió el impacto ambiental y evaluó los niveles freáticos considerados en la Ley Integral de la Basura.

 

“Cuando se hacen proyectos de este tipo, los expertos toman en cuenta tres factores de impacto; el ambiental, el económico y el social, sobre todo si se trata para el beneficio de la municipalidad”, detalló Petit.

 

Alexander Guevara coincide con la impresión del presidente de la Csps y agrega que “interés personal no puede privar al colectivo y este relleno sanitario será favorable para todos los habitantes de Ciudad Guayana (...) no es un tema de consulta, sino de seguridad de estado”.

 

En ese sentido que pese a que Las Margaritas, en el kilómetro tres de la vía vieja a Ciudad Bolívar, “reúne las condiciones adecuadas” -según los informes concluyentes después del análisis del área- el Ministerio de Ecosocialismo y Agua acordó depositar la basura en Cañaveral, donde ya se hacían las descargas.

 

Especificaciones

Tomando en cuenta lo que explicaron los conocedores del tema, el relleno sanitario promete ser moderno y preparado para cumplir con la técnica de disposición final de los residuos y desechos sólidos.

 

Su construcción consistirá en la fabricación de grandes agujeros impermeabilizados con una geomembrana o geotextil; es decir, una lámina de plástico geosintética, permeable y flexible de fibras, que evita que los lixiviados no precolen o filtren en el subsuelo.

 

Esto impide que los líquidos resultantes de los desechos sometidos al proceso de extendido, compactación y tapado, lleguen hasta las aguas subterráneas, debido a que el nivel freático en ese lugar es bastante bajo.

 

Según las especificaciones del proyecto, en Cañaveral este nivel (freático) mantiene gran distancia con la superficie y por ello “no hay riesgo de que contamine el agua”, aseguró Petit. “Podremos trabajar en fosas con seis metros de profundidad y dimensiones de 400 por 250 de ancho y largo sin afectar el líquido subterráneo”, especificó Guevara.

 

Además cada cavidad llevará en su parte inferior canales de drenaje para desviar los lixiviados hacia la laguna de tratamiento donde -de acuerdo con Guevara- “serán sometidos a fuertes procesos químicos que no dañarán el ambiente, pero sí bajarán al máximos sus niveles de contaminación para verterlos nuevamente al río”.

 

Cuando la basura ocupe la superficie de las celdas en las que dividirán las fosas, se utilizarán equipos especiales para extenderla y comprimirla; o sea, dar inicio el procedimiento.

 

Después, de acuerdo con lo que explicaron tanto Petit como Guevara, será recubierta con aproximadamente 15 centímetros de capa de material de cobertura.

 

Este tratamiento debe realizarse diariamente “cada vez que se completen los 45 o 60 centímetros de grosor de basura depositada”, de acuerdo con lo que indicó el secretario de ambiente de la gobernación.

 

De este modo garantizarán la operatividad del relleno, el control, la eliminación de focos de contaminación y los incendios forestales tanto espontáneos como provocados.

 

Aun así, cuando cada fosa cumpla su vida útil, la cual está estimada para un período entre dos a seis años con capacidad para un millón 200 mil toneladas, será fabricada una nueva.

 

Con el planteamiento que tienen en el proyecto, no debería quedar ningún tipo de desecho sólido al descubierto, a pesar de que por ahora, es una copia exacta de lo que por años fue Cambalache: un vertedero a cielo abierto.

 

“No será de otra manera si quienes dirigen el relleno sanitario no exigen que las descargas se realicen en las fosas y no en la entrada”, denunció Guevara.

 

Para lograr la efectividad de los espacios donde reposarán los desperdicios, los conductores de compactadoras “deben depositarlos donde debe ser y así no perderíamos tiempo en trasladarlos y extenderlos (...) mientras más rápido sea el proceso, más práctica será la recolección”, dijo.

 

Además de la laguna de tratamiento de lixiviados, el proyecto incluye una fosa para la clasificación de cárnicos, cauchos y desechos hospitalarios y fumarolas o tuberías perforadas para la eliminación de gases de metano producidos por la descomposición de desechos orgánicos.

 

De igual forma contará con un control de entradas y salidas de camiones, casilla de vigilancia y cumplirá con todos los parámetros ambientales, según se determinó mediante la ingeniería de detalle.

 

“No debe haber ningún tipo de segregadores y la alcaldía debe encargarse de que sólo se depositen ahí los desechos orgánicos; para ello tienen que hacer un proceso previo de reciclaje”, acotó Alexander Guevara.

 

En las Margaritas ¡no!

El día que Cambalache fue cerrado, el 17 de octubre del 2014, ya tenía tres años intervenido. En el 2011 se había propuesto su clausura en un tiempo de cinco años, pero ese plan fue adelantado debido a una fuerte protesta por la comunidad.

 

Para aquel entonces el gobernador del estado propuso Las Margaritas como nuevo sitio para la construcción del relleno sanitario de Caroní, cumpliendo con las directrices emanadas por el Ministerio de Ecosocialismo y Agua.

 

Un día después los 14 consejos comunales que integran a la comuna Orinoquia, protestaron por el anuncio e impidieron que las compactadoras realizaran sus descargas en el lugar.

 

Alegaban que el espacio estaba muy cerca del río y que además exponía a altos niveles de contaminación a las familias que vivían en sus alrededores.

 

Sin embargo Alexander Guevara sostiene que estaban ubicados a dos kilómetros de distancia del cuerpo de agua o lago de Guri y a uno de la vía férrea.

 

La protesta fue atendida por Rangel Gómez y el entonces ministro Miguel Rodríguez, pero igual así continuó la propuesta de ejecutarse la obra en ese lugar.

 

Los expertos que inspeccionaron las hectáreas determinaron que reunía todas las características necesarias para la construcción, pero cuando -un año después- hicieron el mismo trabajo en Cañaveral, llegaron a una conclusión similar.

 

“Determinaron que tenía un nivel freático bajo, quedaba lejos de las zonas residenciales”, sostuvo el ingeniero Néstor Petit.

 

Un aspecto que fue considerado es que las familias residenciadas en los alrededores no representaban ni siquiera el 5 % de la población municipal.

 

No obstante, cuando los ingenieros notaron que Cañaveral sería igual o mejor que Las Margaritas, no dudaron en proponerlo como el primer relleno sanitario de Guayana.

 

“Era lo mismo, solo que en este sitio ya están construidas las vías de acceso, queda más cerca de la ciudad y garantiza mayor operatividad de los vehículos (...) además cuenta con alumbrado y ya está impactado”, acotó el presidente de la Csps.

 

El cierre absoluto de Cambalache llevó a esa comunidad un período de calma, luego que protestaran durante dos días.

 

El vertedero de operación controlada ubicado en la Unidad de Desarrollo (UD) 524, no registró -por parte de la Alcaldía del municipio Caroní- más descargas de desechos sólidos. Hoy por hoy ya está completamente clausurado y según Guevara, saneado, pero aún hay quienes desechan sus residuos ahí.

 

Durante este proceso se dispuso la zona de Acapulco como estación de transferencia, para que de ese lugar la basura fuera llevada a Cañaveral al final de cada jornada.

 

Pero la verdad es que permaneció en el sitio por meses y finalmente era quemada por los mismos residentes del lugar.

 

A principios del 2016 la Csps saneó estos espacios, pero aún hay quienes -sin tener autorización- lo usan como sitio de disposición de sus residuos.

 

Calles sucias

Pese a los planes que lleva el ayuntamiento, a través de la Csps y, la alianza entre esta institución con la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), la Gobernación del estado Bolívar y Corpo San Félix, la ciudad sigue sucia.

 

La decisión del alcalde José Ramón López, de retirar de las comunidades los contenedores de basura, sin antes tener un plan rápido para sustituirlos y, peor aún, sin contar con una flota decente de camiones compactadoras, empeoró la situación. “Ya ellos habían cumplido su vida útil, no servían, estaban oxidados y además no tenían las abrazaderas para que pudieran ser enganchados por los camiones, así que, sin duda alguna, era necesario

sacarlos de las calles”, argumentó Néstor Petit.

 

Alexander Guevara, por su parte, argumenta que “lógicamente iban a perder la vida útil si el servicio no era adecuado (...) por más resistente que hubiese sido el material, los lixiviados lo dañarían si no se les realizaba mantenimiento correspondiente”.

 

De eso hacen ya varios años y aún no se han suplantado los container, pese a que el alcalde encargado del municipio, Eriberto Aguilera, anunció que existe un proyecto para la adquisición de un nuevo lote.

 

“Estarán hechos con un material más liviano, que no se oxidará, con un diseño moderno y además será más económico”, sostuvo el burgomaestre temporal.

 

Igual así la Gobernación del estado Bolívar maneja las características otorgadas por el Ministerio de Ecosocialismo y agua para la posible construcción.

 

“Los contenedores se fabricarán en el parque metalmecánico de Caroní y serán distribuido a nivel nacional”, puntualizó.

 

La consecuencia de no tener container dio libertad plena a la incultura de los habitantes de la urbe, quienes se aferraron a la justificación de una limitante municipal para ensuciar y tener parte de la responsabilidad de la contaminación que hoy viven.

 

En vez de tener en la ciudad un solo sitio que sirviera de vertedero a cielo abierto, la acción ciudadana se multiplicó por todo el municipio generando botaderos en las calles.

 

El argumento mal infundado de que no tienen dónde arrojar sus desperdicios diarios les sirvió para violar la Ordenanza Municipal sobre el Aseo Urbano, Domiciliario y Manejo Integral de los Residuos y Desechos Sólidos.

 

Cada uno de los numerales establecidos en el artículo 35, del primer capítulo del título III que habla sobre las prohibiciones son irrespetados.

 

Mientras que los numerales tres y cuatro del artículo 29 del mismo capítulo, establece que los usuarios deben “mantener limpio y aseado el entorno inmediato correspondiente a su vivienda (...)” y que están obligados a “recoger los residuos que produzca y los que deriven de la acera del frente, en recipientes y lugares aprobados por el municipio, respetando los horarios establecidos”.

 

Alianzas confusas

Para dar cumplimiento a todo lo que establece la ordenanza municipal, sería necesaria la utilización de al menos, 60 camiones compactadores en todo Caroní, de acuerdo con la apreciación de Petit.

No obstante, sumando los equipos de la Csps, CVG y Corpo San Félix, llegan a unas 30; es decir, una cantidad muy por debajo de la que se necesita para cumplir con éxito el cronograma de recorrido por las comunidades.

“Nosotros completamos la flota que necesitamos con 25 camiones entre volteos y plataformas que están a la disposición del municipio (...) ellos son usados en los sitios de difícil acceso y áreas accidentadas”, sostuvo el presidente de la Csps.

Aún así, Manuel Velásquez, quien es operador de compactadora desde hace cinco años, explicó que cuando se aliaron estas tres instituciones, se fijaron algunos acuerdos en la distribución de los vehículos.

“La Csps de la alcaldía, asumió la responsabilidad de atender solamente a los sectores de San Félix; mientras que CVG y Corpo San Félix, deben encargarse de todo Puerto Ordaz”, aclaró.

Esto a propósito de las denuncias constantes en zonas residenciales donde el recorrido es deficiente y los camiones tardan hasta 20 días para cargar con los desperdicios generados por las personas en sus casas.




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