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Exterminio de familia Barrios: Cuando los policas se antojan

La noche del 9 de enero de 2005 sali de su casa engaado por una amiga. � Cortesa


Benito Barrios tenía mala bebida y eso fue el principio de la tragedia para su estirpe.

 

En algunas ocasiones este modesto hombre de campo de Guanayén, en el estado Aragua, estuvo involucrado en reyertas rociadas con abundante alcohol y en una de esas oportunidades -la fatídica- fue detenido por la policía estadal, luego de que hiriera a un vecino con una botella rota.

 

Los familiares de Benito aseguran que fue brutalmente golpeado en los calabozos y desde ese día se convirtió en víctima recurrente de los policías de la comisaría de Barbacoas.

 

“A partir de esa fecha se ensañaron con mi hermano y cada vez que querían dinero o pasaba algo por la zona donde vivíamos, lo buscaban, se lo llevaban detenido y después lo soltaban muy golpeado”, aseguró a Últimas Noticias la hermana de Benito, Eloísa Barrios.

 

Los abusos y matraqueos continuaron hasta la noche del 28 de agosto de 1998, cuando tres funcionarios de la Policía del estado Aragua sacaron a Benito de su casa a la fuerza y se lo llevaron con rumbo desconocido.

 

Poco después lo abandonaron en hospital de Barbacoas, agonizante, con tres heridas de bala. A los pocos minutos falleció.

  

El escueto reporte policial señalaba: “Muerto en enfrentamiento”.

 

“Nunca mostraron arma alguna, además de que hubo muchos testigos que vieron cuando lo sacaron vivo de su casa”, asegura Eloísa en su relato.

 

Exterminio vs. Justicia

La familia Barrios denunció ante los medios de comunicación e instancias como la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa de Aragua y la Fiscalía 14 de Villa de Cura que se trataba de un ajusticiamiento. En lugar de recibir justicia arrancó el exterminio sistemático de los varones Barrios.

 

El siguiente miembro de la familia en caer -presuntamente ajusticiado- fue el hermano de Benito, Narciso.

 

La noche del 11 de diciembre de 2003 Oscar y Jorge Barrios, sobrinos de Narciso y Benito, estaban en una pequeña fiesta en casa de unos amigos hasta que llegó la policía y sacó a empujones y gritos a todos los presentes, los formaron en fila y los obligaron a caminar hasta la comisaría.

 

Otro de los sobrinos de Narciso, Néstor Caudi, corrió a avisarle lo que ocurría y este se dirigió hasta el sitio, para evitar que se llevaran a los muchachos.

 

Narciso encaró a los policías, como lo testimonió Eloísa en el reportaje de Últimas Noticias: “Les reclamaba insistentemente que soltaran a sus sobrinos y, cuando habían caminado unos 100 metros por un terreno baldío, frente a la licorería “Mi Refugio”, los policías voltearon y comenzaron a disparar contra Narciso dejándolo muerto en el sitio”.

 

En medio de la balacera los demás detenidos lograron huir y algunos de ellos, pese al temor que sentían, identificaron a los funcionarios Marco Antonio Moreno Dorta, Rovira Mendoza Leomar y Riascos León José como los presuntos asesinos.

 

La familia volvió a recurrir a la Justicia pero los presuntos asesinos nunca fueron castigados.

 

De acuerdo con una crónica del diario TalCual la tragedia de los Barrios empezó en un bar: “Los hermanos Narciso y Benito tenían un bar restaurante en el pueblo Guanayén. Casi todas las noches acudían varios policías de Aragua a consumir alcohol y se retiraban sin cancelar la cuenta.Una noche, los Barrios reclamaron a los funcionarios, quienes respondieron con amenazas de muerte”.

 

Como en Venezuela no recibían respuesta acudieron a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la cual el 20 de septiembre de 2004, acordó una media de protección a su favor, la cual no fue suficiente para detener la masacre.

 

Piedras en el zinc

La siguiente víctima fue Luis Barrios, de 24 años de edad, a quien asesinaron en el patio de su humilde casa en Guanayén.

 

La noche del 20 de septiembre de 2004 el joven se encontraba dentro de su casa junto a su esposa, que estaba pronta a dar a luz, cuando escuchó como caían varias piedras en el techo de zinc.

 

Ambos se asomaron al patio y no vieron nada. Al poco rato una nueva andanada de piedras forzó a Luis a volver a salir, pero esta vez solo.

 

Apenas se asomó al patio fue acribillado de varios disparos de revolver y escopeta.

 

“Ningún vecino quiso rendir testimonio como testigo por el miedo a las amenazas de muerte que recibieron, pero personalmente nos dijeron que fueron dos policías los que le dispararon a mi hermano”, asegura Eloísa.

 

De acuerdo con el informe de Provea la denuncia fue presentada ante la Fiscalía 20 dirigida por Néstor Luis Castellano y este sobreseyó la causa exculpando a los policías de cualquier responsabilidad.

 

Emboscado por una amiga

A la muerte de Luis Barrios siguió el asesinato de Rigoberto Barrios de apenas 15 años de edad el 9 de enero de 2005.

 

Tratando de huir de la muerte el joven se había marchado a Caracas, pero para las Navidades del 2004 volvió a Guanayén para pasar las fiestas con su mamá.

 

La noche del 9 de enero de 2005 salió de su casa engañado por una “amiga” que lo invitó a pasear y a los pocos minutos de estar en la calle Rigoberto fue tiroteado por hombres vestidos de policías.

 

“Durante los nueve días que estuvo herido en el Hospital Central de Maracay, los médicos de ese nosocomio tuvieron una actitud muy displicente con él. Nunca lo atendían.

 

Cuando le bajó la hemoglobina no hicieron nada por subírsela y cuando murió, recién nos dimos cuenta de que tenía una herida de escopeta en la espalda que no había sido curada y se le había infectado.

 

Denunciamos a los médicos por mala praxis y, al igual que los policías que le dispararon, no pasó nada con ellos”, sostiene Eloísa.

 

Muerto por ir al softbol

Pese a que contaban con una medida de la CIDH a su favor, la mayoría de los miembros de la familia Barrios decidieron emigrar de Guanayén para preservar sus vidas, tal y como lo hizo Oscar de 21 años, primo de Rigoberto, pero el destino lo alcanzó el 29 de septiembre de 2009.

 

El joven vivía en Valencia, pero ese día había vuelto al pueblo para participar en un juego del softbol, luego del cual se quedó hablando con un amigo, hasta que fue sorprendido por sujetos que se bajaron de un vehículo y lo acribillaron. Wilmer José Flores Barrios, de 21 años, fue asesinado el primero de septiembre de 2010.

 

La terrible onda de extermino siguió en 2011 con dos casos, a principio de enero Néstor Caudi se salvó milagrosamente de un atentado en su contra, recibió disparos en los brazos y glúteos pero aún vive para contarlo.

 

Su primo Juan José no tuvo tanta suerte y fue asesinado el 28 de mayo de 2011, cuando caminaba hacia el ambulatorio de Barbacoas a buscar a su esposa a la que poco antes había dejado allí par una consulta.

 

Ese 2011 también cayó asesinado producto de esa vendetta Víctor Navarro Barrios.

 

La novena y hasta ahora última víctima de este exterminio fue Jorge Antonio Barrios Ortuño, quien fue asesinado el 15 de diciembre de 2012.

 

Cuando tenía 9 años Jorge Antonio había sido testigo de la tortura infringida a su padre Benito.

 

Fue asesinado cuando se trasladaba en una moto por el sector El Huete, de Cagua, estado Aragua. Le disparó un sujeto “desconocido”.

 

Condena de la CIDH

Al conocerse el asesinato de Juan José Barrios la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) deploró la “inacción” del Gobierno venezolano.

 

“La familia Barrios está siendo exterminada frente a la inacción del Estado, que ha ignorado los llamamientos, decisiones, recomendaciones y órdenes de los dos órganos del Sistema Interamericano de Derechos Humanos”, afirma un comunicado de la CIDH.

 

Los cuerpos policiales del estado Aragua han justificado todas las muertes asegurando que se ha tratado de “enfrentamientos”.

 

Éxodo

Los miembros de la familia Barrios que hasta ahora han sobrevivido siguen buscando apoyo internacional para poder abandonar el país.

 

De acuerdo con un reportaje del diario El Carabobeño, la organización no gubernamental Derechos Humanos, Justicia y Paz solicitó ante la Comisión Latinoamérica de Refugio apoyo económico para que esta familia pueda radicarse en otro país, preferiblemente en Centroamérica. Aún se desconoce la respuesta.




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