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Infancia de música clásica

El Sistema es un proyecto iniciado en 1975 por José Antonio Abreu y ya conquistó los continentes � Ilustración PRIMICIA/ Mariangel Rodríguez


Del autobús bajan niños y niñas. De corbata unos, en tacones otras. De negro. Con chaqueta tricolor: alumnos de escuelas públicas y privadas.

 

Llevan a cuestas un bolso de fieltro en el que cubren el instrumento: voces afinadas, cuerdas afinadas, mente afinada, afinado el cuerpo, aligerado el viento. Todo está por comenzar.

 

“¿Para dónde vamos, profesor? ¿En qué sitio nos colocamos, profesor?”, preguntan a sus maestros al unísono. “Músicos en el medio, voces arriba. ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Rápido! ¡Rápido! Ehh, señora, padres en las gradas laterales o en las que están atrás del banquillo.

  

Allí van los niños”, señalan los directores. 1.600 pequeños están en el Gimnasio Hermanas González, San Félix; lugar que acostumbra a recibir mentadas de madre a los árbitros, bailes de cheerleaders y gritos de ¡tri-tri-triple!

 

No siempre es así.

  

A veces acuden al complejo padres nerviosos, abuelos ansiosos y familiares espantados a presenciar conciertos de la Orquesta Sinfónica de Guayana. Ven a sus chamos, los aplauden, vitorean, lloran, abrazan...

 

Chiquillos de 7, 8 y 9 años que forman parte de una institución musical cuya metodología es copiada, reverenciada y revolucionaria en el mundo entero: El Sistema.

 

Son un montón de chamines disciplinados, amantes de las oberturas, sinfonías y demás géneros afines a lo clásico que aguardan la próxima señal.

 

En la cancha de básquet hay cinco maestros con batutas en la mano, sincronizados, a punto de iniciar el concierto con la primera pieza: Entre tus playas quedó mi niñez tendida al viento y al sol y esa nostalgia que hoy sube a mi voz, sin querer se hizo canción. Y su niñez quedó en la música.

 

Esto fue en el 2015, cuando jóvenes de la Orquesta Sinfónica de Guayana agasajaron a padres, políticos, docentes y familiares con todo tipo de interpretaciones.

 

“Fue impresionante, hermoso, la fuerza de la voz acompañada de los instrumentos. Los chicos en las gradas, organizados. Una anécdota que nunca olvidaré”, clamó Marco Di Bonaventura, director del programa Simón Bolívar en Caroní.

 

Formación

El sistema es un proyecto iniciado en 1975 por el maestro José Antonio Abreu. La idea ya germinó y se consolidó en Europa, África, Asia, Oceanía y en todo el continente americano.

 

Su lenguaje es musical, pero sus hablantes son universales y su modus operandi es cultural y colectivo.

 

“Es instruir a pequeños, jóvenes y adultos como ciudadanos que adquieran una responsabilidad con la ciudadanía, que tengan valores y sensibilidad hacia su prójimo.

 

No se trata solo de la música, es también aprender a ser un mejor ciudadano”, destaca Di Bonaventura.

 

A veces formarlos es complicado. Son pequeños con frustraciones, anhelos. Niños que preguntan en su primera clase:

 

-Profesor, profesor, ¿si yo estudio mucho mi instrumento puedo estar con Dudamel? Y la labor de estos formadores es potenciar estos sueños, a veces adormecerlos.

 

Hacer que los chamos se profesionalicen, se esfuercen, que den un granito de arena más, que no se rindan, que trabajen.

 

“El talento se forma. Hay que trabajar con su destreza. Existen niños con una mayor capacidad para leer música, mejor oído, pero para tener cualidades de virtuoso deben ser disciplinados”, postula Gregmam Rodríguez, director de la Sinfónica Juvenil de Ciudad Guayana.

 

A veces los muchachos son problemáticos. Tocar un instrumento les sube el ego y por la edad se convierten en personalidades difíciles de tutelar. “Nos toca a nosotros informarles que solo se es valioso cuando no te engrandeces a ti mismo. Siempre otra persona los puede superar.

 

Les enseñamos que no deben vivir alardeándose y que una actitud cooperativa los pondrá a ganar”, reflexiona Di Bonaventura.

 

Prodigios

A los cuatro años Wolfgang Amadeus Mozart, artista húngaro, componía y tocaba el clavecín, clavicordio y el violín.

 

Ya podía leer y hablar el léxico musical. Teresa Carreño, compositora venezolana, tocó a los 10 años para el presidente estadounidense Abraham Lincoln.

 

Carreño incluso se dio el tupé de decirle al mandatario norteamericano que no interpretaría más porque el piano estaba desafinado.

 

Encontrar un joven prodigioso es complicado. Deben conjugarse dos factores importantes: un niño con habilidades extraordinarias y un tutor que sepa potenciarlas.

 

“Prodigio es una palabra maravillosa y complicada. Ahorita tenemos chicos con mejores habilidades que el mismo Mozart, son más activos y manejan más instrumentos.

 

Pero ese calificativo involucra un público que lo escuche y lo catalogue de esa manera”, sostiene Di Bonaventura.

 

“Es una labor ardua.Un músico debe atravesar varios escalones. Hay que ir peldaño a peldaño, porque el secreto está en la disciplina. El profesor también debe reconocer qué potencial tiene para desarrollar el talento de un chamo y reflexionar cuánto bien le hace y cuánto no”, concluye Rodríguez.

 

De Ciudad Guayana hay cuatro jóvenes clarinetistas que tocan en la Orquesta Nacional Infantil de Venezuela.

 

Fueron educados por el director regional del Sistema Nacional de Orquestas de Guayana, Edgar Pronio, quien también toca este instrumento.

  

Ricardo Carrasco es un violinista guayanés que recientemente acompañó a la Sinfónica Infantil a Italia. Su talento lo mostró en el teatro Alla Scala de Milán, que funciona desde 1778.

  

Para un muchacho de 10 años presentarse tan joven en un escenario de tal envergadura es una experiencia inolvidable.

  

Vigencia

Aunque la sociedad tiende a pensar que la música clásica está en picos bajos, la realidad es bastante diferente.

 

Canciones de Mozart, Vivaldi, Beethoven, Rachmaninov u otro compositor de este género son bastante visitadas en el portal de música y videos Youtube.

  

“Todavía podemos adaptar la producción orquestal a otros géneros. El universo sinfónico es muy amplio y diverso. Se les debe enseñar a los jóvenes que hay posibilidades de hacerse un hueco sin necesidad de pertenecer a una agrupación de 40 o 60 miembros”, argumenta Rodríguez.

  

En opinión de Di Bonaventura, debe mostrársele a los chamos que El Sistema también tiene programas de jazz, alma llanera, géneros folclóricos y de rock. “Lo que producimos realmente tiene un valor artístico de milenios y eso nunca perecerá”.

  

¡Práctica en casa!

No necesitas un instrumento para dar el primer paso. Si te interesa el piano puedes colocar tus manos en la mesa y levantar dedo a dedo para que le produzcas a tu mente motricidad e independencia. Recuerda también que el primer instrumento musical es la voz.   




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